Las tuberías de agua (generalmente de material plástico) o cables eléctricos se distribuyen sobre el forjado, interponiendo un aislante térmico para evitar que el calor se disipe hacia la planta inferior.
Sobre las tuberías se pone una capa de mortero de cemento y arena y luego el pavimento, que se recomienda sea de un material poco aislante del calor (piedra, baldosa cerámica o hidráulica).
Algunos sistemas eléctricos modernos son de aplicación directa y no necesitan la capa de mortero de cemento y arena. Esta red de tuberías instaladas bajo el suelo de una vivienda son gobernadas por un equipo de regulación que permite controlar en todo momento la temperatura más adecuada en cada habitación.
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El suelo radiante es el sistema de calefacción más sano y confortable que se pueda encontrar, tanto es así que es el único aconsejado por la Organización Mundial de la Salud.
Su uso no reseca el aire ni las mucosas nasales y no levanta ácaros, con lo que es un sistema muy recomendable también para hospitales, guarderías, etc… Para conseguir calentar una vivienda por radiadores hay que aumentar la temperatura a unos 70º C, pero el suelo radiante solo necesita unos 35-40º C para conseguir la misma temperatura ambiental.
Al distribuirse el calor por el suelo se consigue un gradiente de temperatura ideal para el confort humano, manteniendo los pies calientes y la cabeza fría. Además para locales con techos muy altos, este sistema es altamente eficiente pues no es requiere calefactar todo el volumen del local, sino sólo a 1 metro y medio del suelo. En cambio en sistemas aire-aire para dar confort a las personas necesitan calefactor todo el volumen del local, con unos costes energéticos muchísimo mayores y acumulándose el calor en las partes altas. |